Entrevista a Alicia Stolkiner
Profesora
Titular de Salud Pública/Salud Mental Cátedra II
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LP: En los últimos años se observa
un crecimiento en la participación de los jóvenes en política, ¿Qué factores
creés que promueven o incentivan esa participación?
AS: Antes de responder, querría aclarar que lo hago como profesional que
trabaja temáticas de salud/salud mental y como ciudadana. No me especializo
académicamente en el tema de juventud y participación política, sobre el cual
hay estudios interesantes.
De todos modos,
creo que las formas actuales de participación de los y las jóvenes se relacionan con la modificación que
hubo en la última década del sentido de la práctica política, al modificarse la
relación entre economía, estado y sociedad.
Contrariamente a
lo que afirman algunos medios, creo que en la Argentina ha habido una
profundización de las formas democráticas. La prueba más elocuente de ello está
en la promulgación de algunas leyes: medios de comunicación, matrimonio
igualitario, derechos de los pacientes, salud mental, discapacidad, trata,
violencia de género, etc. No son leyes que surgieron de un gabinete legislativo
o de una propuesta pura del ejecutivo. Se llegó a ellas por la confluencia entre
actores sociales que las ponían en agenda y abogaban por su consideración, una
mayor permeabilidad del estado a la participación de estos actores y una
aceptación y/o promoción desde el poder ejecutivo. Comparando con algunas
decisiones que se tomaron en los 90, el nivel de debate que han tenido
socialmente es muy alto y enriquecedor. Si bien todavía nos falta, hemos
avanzado en ese sentido.
Por cierto que
las leyes son simplemente una herramienta, y su efectivización requiere de
acción sostenida, a la par que de voluntad política. No obstante, habría que
aclarar que la “voluntad política” no es
una condición subjetiva de los gobernantes, sino una construcción colectiva en
un campo de fuerzas en conflicto.
Esta mayor
permeabilidad del estado a los reclamos revaloriza la participación y pone en escena la
posibilidad de incidir en la realidad desde acciones colectivas. Creo que esto
es un importante incentivo para la participación política de los y las jóvenes.
Aclaro que no entiendo por participación política sólo la participación
partidaria.
LP: ¿Crees que sería correcto
definir a la juventud como un nuevo actor político?
AS: “La juventud” es un término demasiado amplio como para englobar en él a
todo un grupo etario de distintas clases sociales, etnias, identidades de
género, condiciones laborales etc. Me gusta más la idea de que está entrando
una nueva generación en la política, y que esto es necesario y auspicioso. Una
generación no se define porque sean todos, o porque sean homogéneos, sino
porque va a marcar la huella cultural y social de una época. Cuando se dice “la
generación de los 70”
se refiere a un colectivo identificable por sus prácticas, por su cultura, por
su lugar en la historia (sea cual sea la interpretación que se le dé al mismo).
Una generación se identifica, en su heterogeneidad, por sus prácticas y su
producción de sentido particular. Hecha esta aclaración, creo que hay una
generación que se está constituyendo como actor político y bienvenida sea.
LP: Existe un proyecto para que los jóvenes desde los 16 años puedan votar de forma voluntaria, ¿qué importancia tiene la edad en relación a la formación de cada persona, su madurez, y la toma de decisiones que incumben a la sociedad en su conjunto?
LP: Existe un proyecto para que los jóvenes desde los 16 años puedan votar de forma voluntaria, ¿qué importancia tiene la edad en relación a la formación de cada persona, su madurez, y la toma de decisiones que incumben a la sociedad en su conjunto?
AS: Hubo una investigación en esta
Facultad, que dirigió el Profesor Antonio Castorina, sobre la formación del
pensamiento político en el niño. Me gustaría tenerla ahora en mis manos para
responder de manera más fundamentada, aportaría mucho. La maduración es un
proceso que se produce en la puesta en juego de la subjetividad y el cuerpo en
las experiencias, desafíos y deseos. No se trata de madurar primero y votar
después, si habilitamos a votar a los/las jóvenes de 16, tendrán que
enfrentarse a esa responsabilidad y probablemente eso constituya un motor de su
maduración ciudadana. Al fin y al cabo, ellos son los que más tiempo tienen por
delante para vivir en este país, y por ende los más interesados en cómo se
orienta estratégicamente la sociedad. Si la sociedad los habilita para esa
responsabilidad, ellos no dejarán de ser interpelados por esta nueva posición.
Cada
vez que se trató de ampliar la participación electoral, se alegó en contra la
incompetencia de los que se quería incluir. Fue así antes del “voto universal”
porque los grupos dominantes planteaban que la “chusma iletrada” no estaba en
condiciones de votar, y fue así cuando se introdujo el voto femenino ,dado que
se presuponía la imposibilidad de las mujeres para comprender la política.
Ahora habrá quienes dicen que los de 16 años son inmaduros. Desde el punto de
vista cognitivo – en esto nos ayuda la psicología-- tienen todos los recursos
para comprender y actuar en un acto electoral.
Hace
unos años hubo una toma en el colegio de mi hijo menor. Los estudiantes
aceptaron que los padres hiciéramos una reunión para ver qué posición tomábamos
frente a los hechos. Ante mi asombro, la asamblea de los jóvenes fue mucho más
ordenada y menos violenta que la de los adultos. Creo que hay un prejuicio con
respecto a los jóvenes que habría que revisar.
LP: ¿Pensás que existe la
participación sin ideología?
AS: Si definimos como ideología “el
conjunto de representaciones que los hombres construyen sobre sus relaciones
entre sí, consigo mismos y con la naturaleza” no creo que exista ninguna
práctica humana sin ideología. Sucede que hay un tipo de ideología que parte de
homologar “ideología” a una doctrina política específica y trata,
simultáneamente, de invisibilizar la matriz
ideológica de las prácticas sociales que se dicen “no ideológicas”. Una
participación de tipo filantrópico no es una participación sin ideología, todo
lo contrario, se sostiene en el ideario liberal de la filantropía que--como
dice Donzelot-- consiste en brindar ayuda sin generar derecho. Es una actividad
donde la relación entre quien asiste y quien es asistido se plantea con una
asimetría básica. En cambio una actividad solidaria construye un “nosotros”, no
consiste en hacer un bien “al otro”, sino en la búsqueda de un objetivo
“común”. Como se puede ver, se trata de diferencias ideológicas, si volvemos a
la definición inicial.
LP: ¿Qué podes decirnos respecto del
rol juegan los liderazgos como figura en los movimientos políticos?
AS: Los “líderes” son emergentes de los
movimientos sociales y forman parte de los mismos. No comparto la idea de que
los “líderes” construyen a los movimientos. Hay una frase de Eva Perón: “con
los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes” que me parece muy
interesante por la forma en que desmistifica
la individualidad de los dirigentes y pone en el centro de la escena la
acción colectiva. Más allá de que creo que lo político entraña sentimientos y
pasiones, no creo que necesite de dirigentes idolatrados, basta con que sean
eficaces. Creo que muchos de los
movimientos colectivos actuales son muy distintos a los que Freud analizó en La Psicología de las Masas
y no requieren “líderes” perfectos, sin falta, depósito del ideal del yo. Todo
movimiento necesita alguna forma de conducción, pero la legitimidad del lugar
de conducción debe sostenerse permanentemente en actos y se ve interpelada de
manera constante. He entrecomillado la palabra “lideres” porque no coincido en
mi conceptualización con la mayoría de las teorías sociales del liderazgo ,
que en general son de corte
funcionalista.
LP: ¿Cuál es la relación entre el/la
jóven y su espacio de desarrollo político?
AS: No tengo una respuesta para esta
pregunta. Creo que depende de cuál es el joven y cuál es el espacio político.
Es una buena pregunta para responder con una investigación, pero no con las
suposiciones que se me ocurren.
LP: ¿Te parece que la militancia es un ámbito donde el sujeto pueda realizarse
-cómo en el trabajo por ejemplo-?
LP: ¿Te parece que la militancia es un ámbito donde el sujeto pueda realizarse
-cómo en el trabajo por ejemplo-?
AS: No sólo es un lugar donde el sujeto
puede realizarse sino donde puede producirse, la militancia puede ser una
práctica fuertemente subjetivante, aunque depende del tipo de militancia de que
se trate el tipo de subjetividad. Si se funda en la lógica del sometimiento a
la autoridad o en la lógica de la búsqueda de logro individual exclusivo no es
lo mismo que si se funda en una lógica solidaria.
LP: Respecto de los partidos
políticos, ¿son estos los vehículos más indóneos para la práctica política?
AS: No necesariamente, los partidos
políticos pueden terminar siendo espacios de disputa interna de poder para el
acceso a lugares de gestión o de gobierno, donde las ideas y propuestas no sean
lo fundamental. De hecho, la crisis del 2001 marcó un agotamiento de la
credibilidad en determinadas formas de desarrollar la política que desnudó esta
desvinculación de las formas partidarias existentes con respecto a las
expectativas y necesidades de los sectores populares.
No
obstante, creo que los partidos políticos son herramientas necesarias de la
política. Los movimientos sociales también son formas importantísimas para la
política, como lo mostraron los organismos de Derechos Humanos. Este es un
debate que excede en mucho lo que puedo escribir en este espacio, por otro lado
es una discusión ineludible que ha tenido respuestas distintas en distintas
épocas.
LP: Algunos profesionales reducen la psicología política al estudio e implementación de estrategias electorales ¿realmente se agota allí?
LP: Algunos profesionales reducen la psicología política al estudio e implementación de estrategias electorales ¿realmente se agota allí?
AS: No conozco los textos que mencionan
o quiénes son esos profesionales, pero el ideario neoliberal se suele acompañar
de una concepción según la cual los políticos son equivalente a productos que
deben ser puestos en el “mercado electoral” con estrategias de marketing, dado
que su función es garantizar la gobernabilidad sin interferir en la economía,
la que se debe regir prioritariamente por las leyes del mercado. Desde esta
óptica es posible que existan estas corrientes en la psicología política. Creo
que la “psicología política” debe tener en su seno corrientes muy diversas
según la concepción de los social y de lo político ( según la ideología) en la
que se funde. Como no es mi campo, preferiría no extenderme en esta respuesta.
LP: La última... ¿Participaste activamente en política alguna vez?
LP: La última... ¿Participaste activamente en política alguna vez?
AS: Creo haber participado en política toda mi vida, aunque no siempre en
estructuras partidarias. Comencé como militante estudiantil en Córdoba-- el año
del Cordobazo--, en grupos independientes que proliferaron en la Universidad de
Córdoba, donde estudiaba. Me incorporé a una organización de la época, fui detenida y procesada el final
de la dictadura de Lanusse, y nuevamente en 1975, luego de la terrible
intervención a la Provincia
de Córdoba. En México, donde viví desde 1976 hasta 1984, participé del
Movimiento de Trabajadores de Salud Mental que tenía como funciones la
solidaridad y asistencia con los exiliados, y la denuncia internacional de los
crímenes de las dictaduras del Cono Sur. Entre 1979 y 1984 colaboré con la
revolución de Nicaragua, desde 1981 como parte de un equipo solidario de
profesionales de salud mental .Allí se definió mi orientación por el campo de
la salud pública.
He escrito un
solo texto con respecto a la experiencia subjetiva en ese período, se trata de
un escrito no académico : “El amor militante” que publicó la Revista “Los 70” hace unos años. En él mencionaba
una consigna de la
Revolución Nicaragüense que sintetiza bien algunos de los
sentires de toda esa práctica política: “Defendamos
la alegría, el enemigo le teme” y un viejo lema de marinos que Freud cita
en “Consideraciones sobre la guerra y la muerte”: “navegar es necesario, vivir no”.
Cuando volví a la Argentina participé en
el Movimiento Solidario de Salud Mental, en la asistencia psicológica a hijos
de desaparecidos, y colaboré con bastante regularidad con organismos de
derechos humanos. Desde hace unos seis años, estas actividades forman parte de
un trabajo --en el sentido estricto del término-- que desempeño en la Secretaría de Derechos
Humanos como coordinadora de un equipo de la Comisión Nacional
por el Derecho a la
Identidad (CONADI) y como asesora del Centro de Atención a
Víctimas de Violaciones de Derechos Humanos Dr. Fernando Ulloa.
Durante algunos
años intenté participar de la vida político-académica de la Facultad de Psicología,
pero he desistido de ello, fue una experiencia triste.
No milito
activamente en un partido político en la actualidad, aunque estoy afiliada al
EDE. La política forma parte de mi vida
y de mi forma de comprender la realidad. No puedo separarla del conjunto de
actividades que hago.
No obstante, creo
que mi lugar como profesora no es “bajar línea” política sino proveer
herramientas de análisis en mi campo específico que permitan a los alumnos
ampliar su comprensión. Eso también es una posición política, no usar un lugar
de supuesto saber o autoridad, para obturar la reflexión. Obviamente, no soy
neutral, el programa de la materia explicita la posición general en que se
funda y algunos enunciados son definitivamente posiciones políticas en el más
estricto sentido del término, por ejemplo el considerar a la salud un derecho
fundamental.
Finalmente, me encantaría militar
territorialmente, básicamente en mi barrio. Pero no lo he hecho.
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