viernes, 19 de septiembre de 2014

Psicología, Juventud, y participación política.

FRENTE LAC&POP



Entrevista a Alicia Stolkiner
Profesora Titular de Salud Pública/Salud Mental Cátedra II
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LP: En los últimos años se observa un crecimiento en la participación de los jóvenes en política, ¿Qué factores creés que promueven o incentivan esa participación?

AS: Antes de responder, querría aclarar que lo hago como profesional que trabaja temáticas de salud/salud mental y como ciudadana. No me especializo académicamente en el tema de juventud y participación política, sobre el cual hay estudios interesantes.
De todos modos, creo que las formas actuales de participación de los y las  jóvenes se relacionan con la modificación que hubo en la última década del sentido de la práctica política, al modificarse la relación entre economía, estado y sociedad.
Contrariamente a lo que afirman algunos medios, creo que en la Argentina ha habido una profundización de las formas democráticas. La prueba más elocuente de ello está en la promulgación de algunas leyes: medios de comunicación, matrimonio igualitario, derechos de los pacientes, salud mental, discapacidad, trata, violencia de género, etc. No son leyes que surgieron de un gabinete legislativo o de una propuesta pura del ejecutivo. Se llegó a ellas por la confluencia entre actores sociales que las ponían en agenda y abogaban por su consideración, una mayor permeabilidad del estado a la participación de estos actores y una aceptación y/o promoción desde el poder ejecutivo. Comparando con algunas decisiones que se tomaron en los 90, el nivel de debate que han tenido socialmente es muy alto y enriquecedor. Si bien todavía nos falta, hemos avanzado en ese sentido.
Por cierto que las leyes son simplemente una herramienta, y su efectivización requiere de acción sostenida, a la par que de voluntad política. No obstante, habría que aclarar que  la “voluntad política” no es una condición subjetiva de los gobernantes, sino una construcción colectiva en un campo de fuerzas en conflicto.
Esta mayor permeabilidad del estado a los reclamos revaloriza  la participación y pone en escena la posibilidad de incidir en la realidad desde acciones colectivas. Creo que esto es un importante incentivo para la participación política de los y las jóvenes. Aclaro que no entiendo por participación política sólo la participación partidaria.

LP: ¿Crees que sería correcto definir a la juventud como un nuevo actor político?
AS: “La juventud” es un término demasiado amplio como para englobar en él a todo un grupo etario de distintas clases sociales, etnias, identidades de género, condiciones laborales etc. Me gusta más la idea de que está entrando una nueva generación en la política, y que esto es necesario y auspicioso. Una generación no se define porque sean todos, o porque sean homogéneos, sino porque va a marcar la huella cultural y social de una época. Cuando se dice “la generación de los 70” se refiere a un colectivo identificable por sus prácticas, por su cultura, por su lugar en la historia (sea cual sea la interpretación que se le dé al mismo). Una generación se identifica, en su heterogeneidad, por sus prácticas y su producción de sentido particular. Hecha esta aclaración, creo que hay una generación que se está constituyendo como actor político y bienvenida sea.

LP: Existe un proyecto para que los jóvenes desde los 16 años puedan votar de forma voluntaria, ¿qué importancia tiene la edad en relación a la formación de cada persona, su madurez, y la toma de decisiones que incumben a la sociedad en su conjunto?
AS: Hubo una investigación en esta Facultad, que dirigió el Profesor Antonio Castorina, sobre la formación del pensamiento político en el niño. Me gustaría tenerla ahora en mis manos para responder de manera más fundamentada, aportaría mucho. La maduración es un proceso que se produce en la puesta en juego de la subjetividad y el cuerpo en las experiencias, desafíos y deseos. No se trata de madurar primero y votar después, si habilitamos a votar a los/las jóvenes de 16, tendrán que enfrentarse a esa responsabilidad y probablemente eso constituya un motor de su maduración ciudadana. Al fin y al cabo, ellos son los que más tiempo tienen por delante para vivir en este país, y por ende los más interesados en cómo se orienta estratégicamente la sociedad. Si la sociedad los habilita para esa responsabilidad, ellos no dejarán de ser interpelados por esta nueva posición.
Cada vez que se trató de ampliar la participación electoral, se alegó en contra la incompetencia de los que se quería incluir. Fue así antes del “voto universal” porque los grupos dominantes planteaban que la “chusma iletrada” no estaba en condiciones de votar, y fue así cuando se introdujo el voto femenino ,dado que se presuponía la imposibilidad de las mujeres para comprender la política. Ahora habrá quienes dicen que los de 16 años son inmaduros. Desde el punto de vista cognitivo – en esto nos ayuda la psicología-- tienen todos los recursos para comprender y actuar en un acto electoral.
Hace unos años hubo una toma en el colegio de mi hijo menor. Los estudiantes aceptaron que los padres hiciéramos una reunión para ver qué posición tomábamos frente a los hechos. Ante mi asombro, la asamblea de los jóvenes fue mucho más ordenada y menos violenta que la de los adultos. Creo que hay un prejuicio con respecto a los jóvenes que habría que revisar.

LP: ¿Pensás que existe la participación sin ideología?
AS: Si definimos como ideología “el conjunto de representaciones que los hombres construyen sobre sus relaciones entre sí, consigo mismos y con la naturaleza” no creo que exista ninguna práctica humana sin ideología. Sucede que hay un tipo de ideología que parte de homologar “ideología” a una doctrina política específica y trata, simultáneamente, de invisibilizar la matriz  ideológica de las prácticas sociales que se dicen “no ideológicas”. Una participación de tipo filantrópico no es una participación sin ideología, todo lo contrario, se sostiene en el ideario liberal de la filantropía que--como dice Donzelot-- consiste en brindar ayuda sin generar derecho. Es una actividad donde la relación entre quien asiste y quien es asistido se plantea con una asimetría básica. En cambio una actividad solidaria construye un “nosotros”, no consiste en hacer un bien “al otro”, sino en la búsqueda de un objetivo “común”. Como se puede ver, se trata de diferencias ideológicas, si volvemos a la definición inicial.
LP: ¿Qué podes decirnos respecto del rol juegan los liderazgos como figura en los movimientos políticos?
AS: Los “líderes” son emergentes de los movimientos sociales y forman parte de los mismos. No comparto la idea de que los “líderes” construyen a los movimientos. Hay una frase de Eva Perón: “con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes” que me parece muy interesante por la forma en que desmistifica  la individualidad de los dirigentes y pone en el centro de la escena la acción colectiva. Más allá de que creo que lo político entraña sentimientos y pasiones, no creo que necesite de dirigentes idolatrados, basta con que sean eficaces.  Creo que muchos de los movimientos colectivos actuales son muy distintos a los que  Freud analizó en La Psicología de las Masas y no requieren “líderes” perfectos, sin falta, depósito del ideal del yo. Todo movimiento necesita alguna forma de conducción, pero la legitimidad del lugar de conducción debe sostenerse permanentemente en actos y se ve interpelada de manera constante. He entrecomillado la palabra “lideres” porque no coincido en mi conceptualización con la mayoría de las teorías sociales del liderazgo , que  en general son de corte funcionalista.
LP: ¿Cuál es la relación entre el/la jóven y su espacio de desarrollo político?
AS: No tengo una respuesta para esta pregunta. Creo que depende de cuál es el joven y cuál es el espacio político. Es una buena pregunta para responder con una investigación, pero no con las suposiciones que se me ocurren.

LP: ¿Te parece que la militancia es un ámbito donde el sujeto pueda realizarse
-cómo en el trabajo por ejemplo-?
AS: No sólo es un lugar donde el sujeto puede realizarse sino donde puede producirse, la militancia puede ser una práctica fuertemente subjetivante, aunque depende del tipo de militancia de que se trate el tipo de subjetividad. Si se funda en la lógica del sometimiento a la autoridad o en la lógica de la búsqueda de logro individual exclusivo no es lo mismo que si se funda en una lógica solidaria. 
LP: Respecto de los partidos políticos, ¿son estos los vehículos más indóneos para la práctica política?
AS: No necesariamente, los partidos políticos pueden terminar siendo espacios de disputa interna de poder para el acceso a lugares de gestión o de gobierno, donde las ideas y propuestas no sean lo fundamental. De hecho, la crisis del 2001 marcó un agotamiento de la credibilidad en determinadas formas de desarrollar la política que desnudó esta desvinculación de las formas partidarias existentes con respecto a las expectativas y necesidades de los sectores populares.
No obstante, creo que los partidos políticos son herramientas necesarias de la política. Los movimientos sociales también son formas importantísimas para la política, como lo mostraron los organismos de Derechos Humanos. Este es un debate que excede en mucho lo que puedo escribir en este espacio, por otro lado es una discusión ineludible que ha tenido respuestas distintas en distintas épocas.

LP: Algunos profesionales reducen la psicología política al estudio e implementación de estrategias electorales ¿realmente se agota allí?
AS: No conozco los textos que mencionan o quiénes son esos profesionales, pero el ideario neoliberal se suele acompañar de una concepción según la cual los políticos son equivalente a productos que deben ser puestos en el “mercado electoral” con estrategias de marketing, dado que su función es garantizar la gobernabilidad sin interferir en la economía, la que se debe regir prioritariamente por las leyes del mercado. Desde esta óptica es posible que existan estas corrientes en la psicología política. Creo que la “psicología política” debe tener en su seno corrientes muy diversas según la concepción de los social y de lo político ( según la ideología) en la que se funde. Como no es mi campo, preferiría no extenderme en esta respuesta.

LP: La última... ¿Participaste activamente en política alguna vez?
AS: Creo haber participado en política toda mi vida, aunque no siempre en estructuras partidarias. Comencé como militante estudiantil en Córdoba-- el año del Cordobazo--, en grupos independientes que proliferaron en la Universidad de Córdoba, donde estudiaba. Me incorporé a una organización  de la época, fui detenida y procesada el final de la dictadura de Lanusse, y nuevamente en 1975, luego de la terrible intervención a la Provincia de Córdoba. En México, donde viví desde 1976 hasta 1984, participé del Movimiento de Trabajadores de Salud Mental que tenía como funciones la solidaridad y asistencia con los exiliados, y la denuncia internacional de los crímenes de las dictaduras del Cono Sur. Entre 1979 y 1984 colaboré con la revolución de Nicaragua, desde 1981 como parte de un equipo solidario de profesionales de salud mental .Allí se definió mi orientación por el campo de la salud pública.
He escrito un solo texto con respecto a la experiencia subjetiva en ese período, se trata de un escrito no académico : “El amor militante” que publicó la Revista “Los 70” hace unos años. En él mencionaba una consigna de la Revolución Nicaragüense que sintetiza bien algunos de los sentires de toda esa práctica política: “Defendamos la alegría, el enemigo le teme” y un viejo lema de marinos que Freud cita en “Consideraciones sobre la guerra y la muerte”: “navegar es necesario, vivir no”.
Cuando volví a la Argentina participé en el Movimiento Solidario de Salud Mental, en la asistencia psicológica a hijos de desaparecidos, y colaboré con bastante regularidad con organismos de derechos humanos. Desde hace unos seis años, estas actividades forman parte de un trabajo --en el sentido estricto del término-- que desempeño en la Secretaría de Derechos Humanos como coordinadora de un equipo de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI) y como asesora del Centro de Atención a Víctimas de Violaciones de Derechos Humanos Dr. Fernando Ulloa.
Durante algunos años intenté participar de la vida político-académica de la Facultad de Psicología, pero he desistido de ello, fue una experiencia triste.
No milito activamente en un partido político en la actualidad, aunque estoy afiliada al EDE.  La política forma parte de mi vida y de mi forma de comprender la realidad. No puedo separarla del conjunto de actividades que hago.
No obstante, creo que mi lugar como profesora no es “bajar línea” política sino proveer herramientas de análisis en mi campo específico que permitan a los alumnos ampliar su comprensión. Eso también es una posición política, no usar un lugar de supuesto saber o autoridad, para obturar la reflexión. Obviamente, no soy neutral, el programa de la materia explicita la posición general en que se funda y algunos enunciados son definitivamente posiciones políticas en el más estricto sentido del término, por ejemplo el considerar a la salud un derecho fundamental.
Finalmente, me encantaría militar territorialmente, básicamente en mi barrio. Pero no lo he hecho.

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