lunes, 29 de septiembre de 2014

Inscribir la salud mental en el campo de la cultura y nuestra historia

FRENTE LAC&POP


“...La libertad es fanática, ha visto tanto hermano muerto, tanto amigo enloquecido, 
que ya no puede soportar la pendejada de que todo es igual, siempre igual, todo igual, todo lo mismo...”
 Blues de la Libertad, (Beilinson – Solari)

Queremos compartir una experiencia grupal de construcción de conocimiento colectivo en nuestra facultad –a partir de la crítica a la vida cotidiana y la recuperación de la memoria histórica– realizada por estudiantes y graduados. Creemos que es una apuesta interesante, a la vez alegre, que emprendemos para contribuir al necesario diálogo entre nuestra vocación y la responsabilidad social que, consideramos, implica estudiar en la universidad pública: para que la producción de conocimiento se haga desde donde los pies pisan y para actuar sobre la realidad específicamente nuestra.
            Como parte de la nueva generación de psicólogos de la UBA, necesitamos decir que sentimos en lo más profundo una orfandad político-pedagógica implicada en nuestra formación y nuestras prácticas: en nuestra vida cotidiana en tanto identidad profesional y en el rol del psicólogo inmerso en la realidad. Rescatamos con afecto a aquellos pocos e indiscutibles maestros de la vida académica, y entendemos que el hecho de que precisamente sean pocos da cuenta de todos aquellos de una generación que faltan, y también manifiesta la despolitización educativa impartida desde la tecnocracia e individualismo del modelo pedagógico neoliberal.
             Este planteo, además de involucrarse en una posición frente a la educación que se construye como mera instrucción o saber enciclopédico academicista a repetirse incansablemente en su extranjerización mental, pretende retomar el proceso educativo desde la cultura –con estados de ánimo y prácticas específicamente nuestras–. Esta necesidad de recuperar lo nuestro es un acto que creemos de soberanía pedagógica: un acto de libertad. No hablamos de abandonar todo conocimiento extranjero, sino de no intentar crear y pensar América según Europa, o América Latina según Estados Unidos. Nos motiva el deseo de revalorizar lo propio, para conformar una identidad profesional y, fundamentalmente, nuestro rol en nuestra sociedad.
Ya se ha dicho a través de la historia, pero parece no haber resonado en nuestra universidad: “El problema que tenemos por delante no es un problema técnico: es un problema de mentalidad, los llamados técnicos pertenecen a la mentalidad anti-nacional y nunca posibilitarán una política de conjunto porque ésta tiene que revisar todos los fundamentos de su técnica que es la técnica del colonialismo.”[1]
Sostener la alegría, lo lúdico y aquello que nos conmueve grupalmente, es entender que para hacer un mural en un barrio, no tengo que empezar explicando cómo se hace un mural según tal señor o señora, por ejemplo. Lo que tengo que hacer es, con iniciativa, agarrar el pincel y laburar en conjunto: sin dejar de escuchar lo que nos dicen, en vez de lo que quisiéramos oír.
Alguien, a quien leemos desde el inicio de la carrera, entendió por salud la capacidad de amar y trabajar. Agregamos: también de escuchar. De esta forma logramos entender lo que sabemos: la salud se construye colectivamente asumiendo el trabajo y el amor en el suelo que pisamos: descubrimos el lenguaje sentipensante2 como lenguaje latinoamericano que dice la verdad.                                                                
Fuentes:
1. A. Jauretche; Las dos caras del liberalismo argentino: progreso y antiprogreso. 1967. Escritos Inéditos
2. E. Galeano: “El lenguaje que dice la verdad, es el lenguaje Sentipensante. El que es capaz de pensar sintiendo y sentir pensando.” En entrevista realizada por Patricia Villegas para teleSUR



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