“...La libertad es
fanática, ha visto tanto hermano
muerto, tanto amigo enloquecido,
que ya no puede soportar la pendejada de que todo es igual, siempre igual, todo igual, todo lo mismo...”
que ya no puede soportar la pendejada de que todo es igual, siempre igual, todo igual, todo lo mismo...”
Blues de la Libertad , (Beilinson – Solari)
Queremos
compartir una experiencia grupal de construcción de conocimiento colectivo en
nuestra facultad –a partir de la crítica a la vida cotidiana y la recuperación
de la memoria histórica– realizada por estudiantes y graduados. Creemos que es
una apuesta interesante, a la vez alegre, que emprendemos para contribuir al
necesario diálogo entre nuestra vocación y la responsabilidad social que,
consideramos, implica estudiar en la universidad pública: para que la
producción de conocimiento se haga desde donde los pies pisan y para actuar
sobre la realidad específicamente nuestra.
Como parte de la nueva generación
de psicólogos de la UBA ,
necesitamos decir que sentimos en lo más profundo una orfandad
político-pedagógica implicada en nuestra formación y nuestras prácticas: en
nuestra vida cotidiana en tanto identidad profesional y en el rol del psicólogo
inmerso en la realidad. Rescatamos con afecto a aquellos pocos e indiscutibles
maestros de la vida académica, y entendemos que el hecho de que precisamente
sean pocos da cuenta de todos aquellos de una generación que faltan, y también
manifiesta la despolitización educativa impartida desde la tecnocracia e
individualismo del modelo pedagógico neoliberal.
Este planteo, además de involucrarse en una posición frente a la
educación que se construye como mera instrucción o saber enciclopédico
academicista a repetirse incansablemente en su extranjerización mental, pretende retomar el proceso educativo
desde la cultura –con estados de ánimo y prácticas específicamente nuestras–.
Esta necesidad de recuperar lo nuestro es un acto que creemos de soberanía
pedagógica: un acto de libertad. No hablamos de abandonar todo
conocimiento extranjero, sino de no intentar crear y pensar América según Europa, o América Latina según
Estados Unidos. Nos motiva el deseo de revalorizar lo propio, para conformar
una identidad profesional y, fundamentalmente, nuestro rol en nuestra sociedad.
Ya se ha dicho a través de la historia,
pero parece no haber resonado en nuestra universidad: “El problema que tenemos por delante no es un problema técnico: es un
problema de mentalidad, los llamados técnicos pertenecen a la mentalidad
anti-nacional y nunca posibilitarán una política de conjunto porque ésta tiene
que revisar todos los fundamentos de su técnica que es la técnica del
colonialismo.”[1]
Sostener la alegría, lo lúdico y aquello
que nos conmueve grupalmente, es entender que para hacer un mural en un barrio,
no tengo que empezar explicando cómo se hace un mural según tal señor o señora,
por ejemplo. Lo que tengo que hacer es, con iniciativa, agarrar el pincel y
laburar en conjunto: sin dejar de escuchar lo que nos dicen, en vez de lo que
quisiéramos oír.
Alguien, a quien leemos desde el inicio de la carrera, entendió por salud
la capacidad de amar y trabajar. Agregamos: también de escuchar. De esta forma logramos entender lo que
sabemos: la salud se construye colectivamente asumiendo el trabajo y el amor en
el suelo que pisamos: descubrimos el lenguaje sentipensante2 como
lenguaje latinoamericano que dice la verdad.
Fuentes:
2. E. Galeano: “El lenguaje que
dice la verdad, es el lenguaje Sentipensante. El que es capaz de pensar
sintiendo y sentir pensando.” En entrevista realizada por Patricia Villegas para
teleSUR
No hay comentarios:
Publicar un comentario