“no es la conciencia del hombre la
que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina
su conciencia”
Karl Marx.
Tomamos a Marx en una de sus frases célebres para
decir y entender que el sistema, tal como lo conocemos actualmente y como ha
sido siempre sin contar sus particularidades históricas, no es solo lo que nos
rodea, es lo que nos condiciona, lo que nos da forma y nos sostiene como
individuos, impulsándonos a reproducirlo en todos sus sentidos, incluso y más
aún en nuestra propia subjetividad. Hoy en día el sistema capitalista se
sostiene en el libre mercado, la producción desmedida y el consumismo.
En esta línea es importante rescatar para nuestra
reflexión como futuros psicólogos, que los mecanismos que ha implementado la
sociedad de consumo sobre las subjetividades y los cuerpos para sostener su
propia reproducción ha convertido a los mismos en un objeto más dentro de la
oferta desmedida del mercado. Ubicamos su inicio en la Argentina , en las
décadas de neoliberalismo implementado desde la última dictadura militar, donde
se plantea a nivel mundial una sociedad de consumo que hace creer que todo es
posible lograr en tanto todo es mercancía. Proceso que a su vez se puede
definir en lo psico-social, por la desvalorización
de la palabra, el predominio de la imagen y por la imposibilidad de proyección
del sujeto en el objeto, ya que, inserto en el mercado, el sujeto se convierte
en objeto.
En este discurso, que llamamos discurso capitalista,
sostiene el mandato insensato de gozar que se tramita por la exigencia de
consumir los objetos que produce la sociedad de consumo. Sin embargo, la
incapacidad de esta sociedad a encontrarse con la realidad de que ningún objeto
puede completar al sujeto, genera una prevalencia de la imagen frívola y vacía,
dejando al sujeto desvalido y empujando a actuar como modo de tramitar la
angustia que no es posible de ser tramitada mediante la palabra.
Creemos que como futuros
profesionales de la salud
debemos apostar a la construcción de una respuesta colectiva a la pregunta
sobre qué modelo de psicología necesitamos para abarcar la complejidad que
presenta esta problemática hoy en día, que pega más fuerte sin lugar a dudas
sobre nuestros adolescentes, con el fin principal de atender a las “patologías
del acto” que son las patologías actuales más vistas en nuestros jovenes tales
como drogadicción, intentos de suicidio, violencia, conductas de riesgo,
trastornos alimenticios (bulimia, anorexia) que ponen en riesgo sus cuerpos y
sus vidas.
Nuestra respuesta parte de
entender que la adolescencia es el momento de mayor vulnerabilidad del sujeto,
ya que se encuentra en un período de transición donde debe tramitar que su
cuerpo ya no es el mismo y por lo tanto su imagen, su identidad y su Yo deben
ser resignificados; y en este
sentido, pensamos la palabra como acto fundamental de canalización de estos
cambios y de elaboración de nuevos ideales propicios para la conformación de un
proyecto de vida.
En este sentido, desde el
2003 una nueva perspectiva se abre en nuestro país. La recomposición del
mercado laboral, con la incorporación de millones de trabajadores, viene
acompañada con la reconstrucción de los ideales, como los de la política, y de
un proyecto de vida para los argentinos. Sabemos que los cambios culturales
requieren mucho más tiempo que determinados cambios sociales, económicos y
políticos, ya que implican la transformación profunda de modos de concebir la
realidad, porque, como dijo la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, aún
“debemos despojar de nuestras cabezas las cadenas culturales que durante tanto
tiempo nos han atado”.
Por eso, como jóvenes
universitarios, cuando nos preguntamos por la Universidad y la
formación que necesitamos para hacer frente a las problemáticas actuales de
nuestra sociedad, no lo hacemos sin un proyecto de país que enmarque y estructure
nuevos paradigmas economicos-politicos y sociales capaces de afianzar los
cambios necesarios para reestablecer nuestra propia subjetividad, nuestros
lazos sociales, nuestra posición frente al otro y al gran Otro, nuestro
compromiso con nosotros mismos y con todos los que somos parte de la misma
historia.
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