lunes, 29 de septiembre de 2014

Adolescencia, subjetividad, cuerpo, goce, consumo… “acto”, no palabras….

FRENTE LAC&POP


“no es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia”
Karl Marx.
Tomamos a Marx en una de sus frases célebres para decir y entender que el sistema, tal como lo conocemos actualmente y como ha sido siempre sin contar sus particularidades históricas, no es solo lo que nos rodea, es lo que nos condiciona, lo que nos da forma y nos sostiene como individuos, impulsándonos a reproducirlo en todos sus sentidos, incluso y más aún en nuestra propia subjetividad. Hoy en día el sistema capitalista se sostiene en el libre mercado, la producción desmedida y el consumismo.
En esta línea es importante rescatar para nuestra reflexión como futuros psicólogos, que los mecanismos que ha implementado la sociedad de consumo sobre las subjetividades y los cuerpos para sostener su propia reproducción ha convertido a los mismos en un objeto más dentro de la oferta desmedida del mercado. Ubicamos su inicio en la Argentina, en las décadas de neoliberalismo implementado desde la última dictadura militar, donde se plantea a nivel mundial una sociedad de consumo que hace creer que todo es posible lograr en tanto todo es mercancía. Proceso que a su vez se puede definir en lo psico-social, por la desvalorización de la palabra, el predominio de la imagen y por la imposibilidad de proyección del sujeto en el objeto, ya que, inserto en el mercado, el sujeto se convierte en objeto.
En este discurso, que llamamos discurso capitalista, sostiene el mandato insensato de gozar que se tramita por la exigencia de consumir los objetos que produce la sociedad de consumo. Sin embargo, la incapacidad de esta sociedad a encontrarse con la realidad de que ningún objeto puede completar al sujeto, genera una prevalencia de la imagen frívola y vacía, dejando al sujeto desvalido y empujando a actuar como modo de tramitar la angustia que no es posible de ser tramitada mediante la palabra.
Creemos que como futuros profesionales de la salud debemos apostar a la construcción de una respuesta colectiva a la pregunta sobre qué modelo de psicología necesitamos para abarcar la complejidad que presenta esta problemática hoy en día, que pega más fuerte sin lugar a dudas sobre nuestros adolescentes, con el fin principal de atender a las “patologías del acto” que son las patologías actuales más vistas en nuestros jovenes tales como drogadicción, intentos de suicidio, violencia, conductas de riesgo, trastornos alimenticios (bulimia, anorexia) que ponen en riesgo sus cuerpos y sus vidas. 
Nuestra respuesta parte de entender que la adolescencia es el momento de mayor vulnerabilidad del sujeto, ya que se encuentra en un período de transición donde debe tramitar que su cuerpo ya no es el mismo y por lo tanto su imagen, su identidad y su Yo deben ser resignificados; y en este sentido, pensamos la palabra como acto fundamental de canalización de estos cambios y de elaboración de nuevos ideales propicios para la conformación de un proyecto de vida.
En este sentido, desde el 2003 una nueva perspectiva se abre en nuestro país. La recomposición del mercado laboral, con la incorporación de millones de trabajadores, viene acompañada con la reconstrucción de los ideales, como los de la política, y de un proyecto de vida para los argentinos. Sabemos que los cambios culturales requieren mucho más tiempo que determinados cambios sociales, económicos y políticos, ya que implican la transformación profunda de modos de concebir la realidad, porque, como dijo la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, aún “debemos despojar de nuestras cabezas las cadenas culturales que durante tanto tiempo nos han atado”.
Por eso, como jóvenes universitarios, cuando nos preguntamos por la Universidad y la formación que necesitamos para hacer frente a las problemáticas actuales de nuestra sociedad, no lo hacemos sin un proyecto de país que enmarque y estructure nuevos paradigmas economicos-politicos y sociales capaces de afianzar los cambios necesarios para reestablecer nuestra propia subjetividad, nuestros lazos sociales, nuestra posición frente al otro y al gran Otro, nuestro compromiso con nosotros mismos y con todos los que somos parte de la misma historia.  

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